El mejor ciclista cubano en estado grave

El ciclista Pedro Pablo Pérez, el mejor rutero cubano de los últimos años y clasificado para los Juegos Olímpicos de Pekín, se encuentra "grave'' tras sufrir un accidente en su vehículo la madrugada del lunes, informó la prensa local.

"En estos momentos el multicampeón de las vueltas ciclísticas al país, está recluido en el hospital Abel Santamaría, de la provincia de Pinar del Río, con una contusión cerebral, según diagnosticaron'' los especialistas, dijo la Agencia de Información Nacional (AIN).

De acuerdo con el diagnóstico de los especialistas citados por la fuente, los pronósticos de la situación de salud del ciclista campeón "son reservados''.

Pérez, de 31 años y pentacampeón de la Vuelta Ciclista a Cuba, (2000, 2001, 2004, 2006 y 2008), conducía un automóvil cuando se produjo el accidente, cuyas circunstancias están en investigación por parte de las autoridades de tránsito.

Pérez, originario del poblado de Taco Taco (Pinar del Río), es uno de los cuatro ciclistas de la isla clasificado para los Juegos Olímpicos, y participó este año en varias vueltas en Venezuela, República Dominicana, Costa Rica y Uruguay como preparación para los Juegos Olímpicos.

Además de las cinco coronas en el giro a su país, Pérez archiva en su palmarés el título de ruta en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Maracaibo-1998 (Venezuela) y el subtítulo en los Panamericanos de Santo Domingo-2003.

El astro de las carreteras cubanas está casado con otra estrella del ciclismo cubano, la campeona mundial Yoanka González, también clasificada para Pekín.

Derrotas de Cuba ante EEUU en béisbol destapan alarma nacional


Para el equipo de béisbol de Cuba cuatro derrotas al hilo frente a Estados Unidos desde el 2006 suena a debacle nacional.

Forjada durante años en el espíritu de invencibilidad ante las escuadras estadounidenses, la selección antillana sucumbió 4-1 el domingo en la final del Torneo de Haarlem, Holanda, ante un equipo de Estados Unidos formado mayormente por jugadores universitarios. La decisión adversa, en vísperas de los Juegos Olímpicos de Beijing, ha destapado alarma y frustración tanto en los aficionados cubanos como en las altas esferas gubernamentales.

En una inusual incursión en temas deportivos, el jefe de la Oficina de Información del Consejo de Estado, Randy Alonso, salió ayer al ruedo para cuestionar la pobre trayectoria del equipo cubano en eventos internacionales, especialmente que se haya tropezado cuatro veces consecutivas con una misma piedra que "lleva grabada las siglas USA''.

"¿Cómo es posible que bateadores que destripan pelotas en la fuerte Serie Nacional cubana después tengan anémicos promedios en un torneo internacional que no se acerca para nada en calidad al que tendremos que enfrentarnos en los Juegos Olímpicos?", escribió Alonso en una columna editorial aparecida en el sitio digital Cubadebate.

Después de entrar en recomendaciones técnicas sobre los jugadores, el empleo de los suplentes y el movimiento en la alineación, Alonso concluyó: "Confiemos en la grandeza de este equipo, pero no dejemos de cuestionarnos qué hemos hecho mal para que los títulos nos sean esquivos''.

No es casual que la primera reacción oficial sobre el desplome de los peloteros cubanos en Haarlem venga con la firma de Alonso, también director de Cubadebate y presentador del programa televisivo Mesa Redonda, considerado un bastión del oficialismo. Alonso es el único periodista cubano que ha podido entrevistar a Fidel Castro en su etapa de enfermedad. En su proclama para anunciar que no regresaría al poder, el pasado 19 de febrero, el anciano líder mencionó la especial confianza que tiene en Alonso y es en Cubadebate donde han aparecido inicialmente las últimas "reflexiones'' de Castro.

Mientras, el periódico Trabajadores reconoció ayer en un artículo titulado "¿Catástrofe en Holanda?" que "nuestros pilares al bate mostraron inestabilidad y en algunos casos total ausencia de estabilidad''.

La derrota de la novena criolla en Holanda se produce en circunstancias cruciales para el país, apenas dos días después de un discurso pronunciado ante el parlamento por el gobernante Raúl Castro en el que alertó a los cubanos sobre los retos y las dificultades que tendrán que encarar por los efectos de la crisis mundial. Castro dijo que Cuba tendrá que producir más para poder mantener los crecientes gastos de la seguridad social, salud y educación, y las conquistas en el deporte y la cultura, que en su totalidad constituyen el 55 por ciento del presupuesto nacional.

"La derrota en Holanda no podía venir en peor momento, porque la pelota tiene sin dudas un efecto revitalizador en esta sociedad, y perder allí dos veces con Estados Unidos es un cubo de agua fría tras un discurso [de Raúl Castro] que no trajo muy buenas noticias'', declaró ayer desde La Habana una fuente vinculada al Instituto Cubano de Deportes (INDER).

Existe gran preocupación en la Comisión Nacional de Béisbol por este resultado y por la labor que encara el flamante mánager Antonio Pacheco, designado al frente de la selección nacional el pasado mayo en sustitución de Rey Vicente Anglada.

Durante la última década, el béisbol cubano se ha visto golpeado por una oleada de deserciones de prometedoras figuras que han abandonado el país con el fin de jugar como profesionales de las Grandes Ligas. Un estelar lanzador joven, Aroldis Chapman, fue sorpresivamente excluido de la preselección el pasado mes al calor de versiones sobre su posible fuga a Estados Unidos.

"Hay mucha presión con este equipo para la Olimpiada y eso puede afectar los resultados'', agregó el informante.

El pasado 28 de junio, el propio Raúl Castro abanderó a la preselección nacional que salió rumbo a Europa para completar su entrenamiento previo a la cita olímpica.

‘‘Todos ustedes saben lo que el pueblo de Cuba espera de ustedes y ustedes y nosotros sabemos que lo van a lograr plenamente. Aquí nos veremos en agosto'', expresó Raúl Castro al despedir la delegación.

A cada pelotero cubano se le entregó un mensaje de Fidel Castro, dirigido a "los gloriosos atletas cubanos que marchan hacia las Olimpiadas. Adelante a paso de vencedores como en Ayacucho y Mal Tiempo [batallas contra los colonialistas españoles en Perú y Cuba en el siglo XIX]'', escribió Fidel Castro. "Con ustedes viaja el amor a la patria de nuestros compatriotas''.

El juego final del campeonato en Holanda fue transmitido en vivo el domingo por la televisión cubana. Los espectadores que presenciaron el partido no podían salir de su asombro y las voces de decepción se escucharon ayer en plena calle.

El triunfo de los estadounidenses fue el quinto en los últimos seis enfrentamientos en torneos oficiales ante los cubanos, incluyendo el Preolímpico de La Habana en el 2006 y el campeonato mundial el pasado año.

Cinco años sin Celia...

Mientras que en todos los pueblos costeros, pesqueros, de religión Católica celebramos hoy el día de Nuestra Señora la Vírgen de Carmen, un día de fiesta, sentimiento y porqué no, también diversión... También hoy es un día especial porque, precisamente hoy, se cumplen cinco años de la muerte de LA INOLVIDABLE CELIA CRUZ. Recuerdo que tal día como hoy, a eso de las 23 horas de Islas Canarias, como a las 18 horas (horario cubano), yo veía la televisión satélite, cuando en el programa de Univisión "Primer Impacto" daban la trágica noticia. Ese día, Celia abandonaba este mundo, que tan dichosa la hizo, para irse con parte de su azúcar!! a un lugar en el que sé que está guarachando con otros grandes soneros que al igual que ella, ya no están con nosotros. Desfortunadamente, Celia se fue, pero deja entre nosotros un valioso legado. Por eso, desde RITMO LATINO queremos hacerle este pequeño homenaje en el día de hoy, publicando la biografía de alguien para quien la vida siempre fue un carnaval. Celia, donde quieras que estés, que Dios te bendiga por siempre y nunca dejes de transmitirnos tu azúuuuuuuucar!!

(La Habana, 1924 - Fort Lee, Estados Unidos, 2003) Celia Caridad Cruz Alfonso nació en el barrio de Santos Suárez de La Habana el 21 de octubre de 1924, si bien algunas fuentes señalan su nacimiento cuatro años antes, y otras en 1925, datos todos ellos de difícil comprobación dada la persistente negativa de la estrella a confesar su edad.

Segunda hija de un fogonero de los ferrocarriles, Simón Cruz, y del ama de casa Catalina Alfonso, Celia Cruz compartió su infancia con sus tres hermanos -Dolores, Gladys y Barbarito- y once primos, y sus quehaceres incluían arrullar con canciones de cuna a los más pequeños; así empezó a cantar. Su madre, que tenía una voz espléndida, supo reconocer en ella la herencia de ese don cuando, con once o doce años, la niña cantó para un turista que, encantado con la interpretación, le compró un par de zapatos.

Con otras canciones y nuevos forasteros calzó a todos los niños de la casa. Después se dedicó a observar los bailes y a las orquestas a través de las ventanas de los cafés cantantes, y no veía la hora de saltar al interior. Sin embargo, sólo su madre aprobaba esa afición: su padre quería que fuese maestra, y no sin pesar intentó satisfacerle y estudiar magisterio, pero pudo más el corazón cuando estaba a punto de terminar la carrera y la abandonó para ingresar en el Conservatorio Nacional de Música.

Mientras tanto, Celia Cruz cantaba y bailaba en las corralas habaneras y participaba en programas radiofónicos para aficionados, como La Hora del Té o La Corte Suprema del Aire, en los que obtenía primeros premios tales como un pastel o una cadena de plata, hasta que por su interpretación del tango Nostalgias recibió en pago 15 dólares en Radio García Cerrá.

Más tarde cantó en las orquestas Gloria Matancera y Sonora Caracas y formó parte del espectáculo Las mulatas de fuego, que recorrió Venezuela y México. En 1950 ya había intervenido en varias emisoras cuando pasó a integrar el elenco del cabaret Tropicana, donde la descubrió el director de la Sonora Matancera, el guitarrista Rogelio Martínez, y la contrató para reemplazar a Mirta Silva, la solista oficial de la orquesta.

A lo largo de los años cincuenta Celia Cruz y la Sonora Matancera brillaron en la Cuba de Pío Leyva, Tito Gómez y Barbarito Díez; del irrepetible Benny Moré, del dúo Los Compadres, con Compay Primo (Lorenzo Hierrezuelo) y Compay Segundo... La Cuba de Chico O’Farril y su Sun sun babae, la de La conga de los Habana Cuban Boys, la de Miguel Matamoros con su Mamá, yo quiero saber de dónde son los cantantes, la de Miguelito Valdés con su Babalú... Celia aportó su Cao Cao Maní Picao y se convirtió en un éxito, y otro posterior, Burundanga, la llevó a Nueva York en abril de 1957 para recoger su primer disco de oro.

Celia Cruz se había ganado ya varios de los apodos y títulos con que quisieron distinguirla. Fue la Reina Rumba, la Guarachera de Oriente y, desde las primeras giras -por México, Argentina, Venezuela, Colombia...-, la Guarachera de Cuba.

Era la Cuba corrupta y bullanguera de Fulgencio Batista. Cuando el dictador se vio obligado a refugiarse en la República Dominicana ante el triunfo de los castristas, el 1 de enero de 1959, la orquesta tuvo que andar otros caminos. Según la cantante, desde entonces soportaba mal que le dijeran qué y dónde tenía que cantar. El 15 de julio de 1960 la banda en pleno consiguió el permiso para presentarse en México y, una vez allí, en parte impulsada por el agravamiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, decidió no regresar.

Después de un año de aplausos en la capital azteca, Celia Cruz se mudaba a Estados Unidos y sellaba su primer compromiso para actuar en el Palladium de Hollywood. Si bien declaró en aquellos días «he abandonado todo lo que más quería porque intuí enseguida que Fidel Castro quería implantar una dictadura comunista», su furibunda militancia anticastrista nació después, a partir del 7 de abril de 1962, cuando supo de la muerte de su madre y no pudo entrar en la isla para asistir al entierro. Llegó a confesar incluso que estaba dispuesta a inmolarse haciendo estallar una bomba si con ello hacía desaparecer «al Comandante».

Tres meses después, el 14 de julio de 1962, Celia Cruz se casó con el primer trompetista de la orquesta, Pedro Knight, quien a partir de 1965, en que ambos dejaron la Sonora, se convirtió en su representante. Celia Cruz inició su trayectoria como solista junto al percusionista Tito Puente, con el que grabó ocho álbumes. Los jóvenes hispanos de Nueva York la descubrieron en 1973 en el Carnegie Hall, cuando integraba el elenco de la «salsópera» Hommy, de Larry Harlow.

Posteriormente, participó en un legendario concierto grabado en vivo en el Yanquee Stadium con The Fania All-Stars, un conjunto integrado por líderes de grupos latinos que grababan para el sello Fania. Ya era famosa en 1974, cuando grabó el disco Celia & Johnny con el flautista dominicano Johnny Pacheco, considerado el primer clásico del género.

Desde entonces, el éxito fue una constante en centenares de conciertos coreados por un público entregado al grito de su Bemba colorá. Esa voz electrizante, su alegría contagiosa y el llamativo vestuario fueron
pronto una bandera de identidad de los inmigrantes. Ella, a su vez, terminó por asumir el rol de estandarte del anticastrismo.

Como tal, Celia Cruz quiso dejar su impronta también en el cine, y participó como actriz -ya lo había hecho varias veces como cantante- en Los reyes del mambo (1992) y Cuando salí de Cuba (1995), porque ambas películas reflejaban historias de los primeros exiliados cubanos, en parte cercanas a la suya. Aunque la suya fue única, y así lo entendieron los miles de compatriotas que desfilaron ante sus restos despues de que falleciese el 16 de julio de 2003, a los setenta y ocho años de edad, en Miami y Nueva York, donde recibió sepultura.

También los cubanos de la isla, pese a la prohibición oficial de su música después de más de cuarenta años, reconocían su valor de guarachera universal, la más grande embajadora musical de Cuba. Pocos días después de su fallecimiento fue homenajeada por sus compañeros de profesión en la gala de entrega de los Grammy latinos.

«¡Azúcar!» era su potente grito infeccioso, la contraseña de apertura y cierre de sus conciertos y la clave para hacerse entender en todo el mundo. Difícilmente alguien ha bailado más -y ha hecho bailar más- que esta cubana de sonrisa contagiosa y persistente que conquistó adeptos de todas las latitudes a lo largo de más de cincuenta años de exitosa trayectoria. Cantante de guarachas, danzones, sones y rumbas en sus comienzos, Celia Cruz siempre estuvo abierta a nuevas experiencias que la llevaron a abordar otros ritmos y a unirse a proyectos en principio arriesgados para una artista consagrada.

Así se erigió en la imagen distintiva de la salsa con orquestas como las de Tito Puente, Willie Colón, Ray Barretto o Johnny Pacheco, y así llegó a cantar incluso rock o tango, y a unir su poderosa voz a la de intérpretes tan dispares como el británico David Byrne, el rumbero gitano Azuquita, el grupo argentino Los Fabulosos Cadillacs, los españoles Jarabe de Palo y el rapero haitiano Wyclef Jean, además de improvisar duetos con sus amigas Lola Flores y Gloria Estefan, y con Dionne Warwick o Patti Labelle.

Enfundada en sus fastuosos y extravagantes vestidos, tocada con pelucas imposibles y encaramada sobre esos zapatos únicos de alto tacón inexistente, Celia Cruz conservó hasta casi el último momento una vitalidad insólita. Feliz con su flamante Grammy al mejor álbum de salsa por La negra tiene tumbao, en el verano de 2002 celebró su 40º aniversario de matrimonio con una fiesta que le organizó la cantante Lolita Flores en Madrid.

En noviembre, durante un concierto en el Hipódromo de las Américas de México, D. F., empezó a perder el control del habla. Al regresar a Estados Unidos se sometió a la extirpación de un tumor cerebral, pero al final no hubo remedio. Aun así, el 13 de marzo apareció por última vez en público cuando la comunidad latina le tributó un homenaje en el teatro Jackie Gleason de Miami, que ella rogó que no fuera como una despedida. Se sentía optimista y con fuerzas. Por esos días, entre febrero y marzo, grabó un último disco que no llegó a ver editado, Te entrego el alma.